jueves, 23 de enero de 2025

La gordita y El Flaco

Durante la mayor parte de mi vida fui uno de esos adultos que tienen cero feeling con los bebés o niños chiquitos. Un bebe no me despertaba ni un 1% de la ternura que sí me despertaba un perrito, por ejemplo. No me daban ganas de interactuar, o de pellizcarle los cachetes. Hasta que nació mi hija. Por supuesto que algo así lo cambia todo. Verla crecer, aprender y descubrir el mundo desde su inocencia e ingenuidad, es algo que no se dimensiona hasta que no se vive. Y con esas nuevas emociones ahora puedo conectar con otras personas cuando hablan de sus hijos, o de los niños en general. 

Un ejemplo de esto es "Plegaria para un niño dormido", una canción que antes me resultaba bastante indiferente, y ahora me emociona hasta las lágrimas. Pero a donde quería realmente llegar, es al Flaco Spinetta. Porque esta canción, indiscutiblemente hermosa, con un contenido tan fuerte para un padre, El Flaco no la escribió con la madurez de la vida pensando en su hija. Este tipo increíble venido de otra galaxia escribió Plegaria cuando tenía 15 años! A otras bellezas de la música, como "Muchacha Ojos de Papel" o "Barro Tal Vez", también las escribió con menos de 20. A mi llevó 40 tan solo empezar a entenderlo.

¿Cómo puede alguien desarrollar semejante sensibilidad tan pronto? ¿Cómo es capaz de sintetizar tan bien, de transmitir tanto con tan poco, sin requerir de ese peine que te dan cuando ya estás medio pelado que es la experiencia de la vida? Tal vez un año de un tipo como el flaco equivale a 7 años de un humano estándar, como dicen de los perritos. En fin, un Hombre Sensible entre tantos Refutadores de Leyendas, haciendo de este rincón del mundo un lugar mágico, aunque sea por unos minutos.

domingo, 27 de octubre de 2024

El disco de mi vida

Algunos tenemos la suerte de tener un disco que de alguna forma nos cambió la vida. Hoy cumple años el mio.

Uno de los pequeño placeres de esta vida es poder Disfrutar de la buena música. Y lo digo con D mayúsculas porque estoy hablando de conectar con el artista, con la canción, con el momento que estaba atravesando cuando la escribió, dejar que toque una fibra personal, resignificarla completamente, y terminar apropiándosela. Me gusta cuando puedo (ya casi nunca) solo escuchar música. No hablo de llevar música de fondo mientras uno hace otra cosa; hablo de tomarse un rato para solamente cerrar los ojos y saborear una canción, que no es poco. Se me mojaron los ojos igual que a Robert Plant el día que escuché en soledad y junto a él algo tan grande como las hermanas Wilson homenajeándolo en el Kennedy Center. Y también se me mojaron cuando escuché algo tan pequeño como nuestro maravilloso Mollo solito con su guitarra cantarle Plegaria a Vera Spinetta. El cielo y las montañas, y una gota de rocío... así es la buena música.

Tengo gustos amplios pero definidos. El rock y el metal son mi música predilecta, aunque también he aprendido a disfrutar de buena parte del folclore, de algunas grandes voces del pop, de la música clásica, y más. De chico seguía/imitaba en muchos aspectos a mi hermano mayor, entre ellos la música a escuchar. Hasta que un día el Forchi, un compañero de la secundaria, me prestó un CD que lo cambiaría todo. Fue la puerta de entrada a la conexión con la música, a la vibración en las venas, a entender una canción más allá de su letra, a transportarse a otro mundo con una historia... a encontrar "mi" música.

Aunque no lo dimensioné en el momento, la magia cautiva de su interior detonó la bomba más preciada de los sentimientos al rozar con mi alma. Y sí, estoy hablando del "Despedazado Por Mil Partes" de La Renga, el disco que inició la mejor época de la mejor banda de rock que he escuchado. Y entiéndase por "la mejor", la que más me llega o que sensaciones más fuertes me genera. Algo absolutamente subjetivo, pero que no creo que nadie que haya asistido a un banquete Rengo se atreva a contradecir. Hoy se cumplen 28 años desde su lanzamiento, y vengo a decirte que hagas una pausa, que te desconectes del resto mundo, y te tomes unos 55 minutos para ser libre y encontrar tu lado salvaje.

martes, 18 de junio de 2019

Si del principio hubiera aprendido a ser un animal...

No sabría determinar si el hecho de que las personas vivamos mucho más que nuestros perros es el castigo de un dios rencoroso a los estúpidos humanos por haberse comido la manzana, talado el árbol, y fabricado armas con su madera... o si es en realidad un acto de piedad, de la naturaleza hacia el pobre animal, ya que estamos absolutamente seguros de que si un día no volviéramos, nos esperaría con todas sus fuerzas, con la ilusión intacta, por toda la eternidad de ser necesario, y sin jamás siquiera pensar en la idea de reprocharnos nuestra ausencia.

Sea de una forma o de otra, que se vayan tan pronto, para nosotros, es una mierda. Si existe el paraíso, imagino que será ese lugar donde todos los perritos que quisimos en vida nos esperan sanos y alegres, moviendo sus colitas y con pelotas, medias y zapatillas mordisqueadas en los hocicos. Suena como una excelente motivación para ser un poco más animal en esta vida.

martes, 5 de febrero de 2019

El MTB es un juego de niños

En el ambiente del mountain bike amateur, el día de la carrera siempre es una fiesta. Nos vas a escuchar quejarnos mucho: que nos podría haber ido mejor, que deberíamos haber desayunado distinto, o administrado de otra forma las energías. Tal vez nos escuches maldecir nuestra suerte: que se nos salió la cadena en el peor momento, que pinchamos cuando mejor íbamos, o que justo agarramos aquella piedra en la bajada. Pero no te dejes engañar: por dentro, todos nos vamos contentos, felices, recargados. Del primero al último.

Sin embargo, no es de eso de lo que se trata ser un ciclista aficionado. Se trata en realidad de lo que hacemos y de cómo nos sentimos los otros 29 o 30 días del mes, cuando nadie nos ve, cuando parece que no hay nada en juego. Se trata de llegar corriendo a la tardecita, casi noche, después de un día de trabajo agotador, queriendo ganar unos minutos para pedalear un poquito más. O tal vez de esa horita a la mañana, a veces madrugada, que le robamos al sueño con tal de salir aunque sea un ratito. O quizás de la clásica salida con amigos a la hora de la siesta en pleno verano, mientras el oficinista promedio se queja de lo poco que enfría el aire acondicionado.

Y es ahí, en esos momentos, donde se hace evidente que ser ciclista amateur es un juego de niños. Porque nos divertimos y ponemos en ello toda nuestra imaginación. Es la única forma... Aquella subida al puente del súper, esa pendiente exagerada donde la calle pasa sobre el canal de desagüe, o tal vez la lomada al final camino a la toma, son en nuestras cabezas el Mont Ventoux, Alpe d'Huez, y el mismísimo Tourmalet. Y las subimos con los dientes bien apretados, como si en ello se nos fuera la vida, la gloria y el maillot a lunares... Aquella moto que veo a 100 metros delante bien podría ser Froomey, escapado, queriendo arrebatarme la etapa. Tal vez, si lo alcanzo antes de llegar a casa, esta noche me vaya a dormir con el pijama amarillo... ¿Alguien más noto que ese perrote que salió a correrme a todo trapo por la derecha se parece mucho a Peter Sagan?

Es esta ridícula y apasionada imaginación, son estos delirios, los que nos mantienen parados sobre los pedales cualquier miércoles gris, aunque todo el cuerpo duela todavía por la salida del martes. Sí, somos como niños, fantaseamos, viajamos un ratito cada día a estos universos imaginarios donde nos inventamos increíbles hazañas. Y al final, cuando llega la carrera, podemos terminar últimos, o con suerte en el montón. Porque no tenemos todas las condiciones, porque necesitaríamos entrenar mucho más, porque no vivimos de esto, y porque, por suerte, no estamos solos. Pero eso nunca nos va a quitar las ganas de jugar. Sí, el MTB es un juego de niños. Pero, como bien sabe todo aquel que recuerde lo que es ser niño, los niños nos tomamos nuestros juegos muy muy en serio.



Dedicado a esos loquitos coloridos que aprietan los dientes
y se paran en los pedales cuando nadie los ve.

jueves, 9 de junio de 2011

El Sinvergüenza


"Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol." (Eduardo Sacheri)

   Hoy voy a hablar de un verdadero sinvergüenza. Una de esas personas a las que no le importa quedar en ridículo, intentar cosas absurdas, desafiar la lógica... En fin, no le importan los pequeños detalles que nos detienen al resto de los mortales ante la posibilidad de hacer algo realmente grande. El tipo es un deportista. Leerán mucho de deporte por aqui. Pero no veo sus logros como hazañas meramente futbolísticas, sino como fiel reflejo de una forma de Intentar la vida.

   Mis primeras impresiones del Titán, como muchos lo conocen, no fueron para nada buenas. Yo fui de los que dijeron que era un pata dura, que tenia mucha suerte, y pensé ingenuamente que su fama se tornaría efímera. No estaba tan equivocado después de todo: el tipo era y es un pata dura, y realmente tuvo mucha mucha suerte, pero supo ganarse el mayor de los respetos de hinchadas propias y ajenas a base coraje, entrega y hazañas dignas de dioses mitológicos.

   Claro que sí, hablo de Martín Palermo, el que supo hacer un gol pateando con sus ligamentos destrozados, el que volvió a los seis meses en la copa más importante de América frente al clásico rival de toda la vida y entrar en los últimos diez minutos le alcanzó para anotar un gol antologico ("57, 58, 59... 59... Palermo? 59...", se me cae un lágrima), el que hizo los dos goles en la final del mundial de clubes, al que se le cayó una tribuna encima, el que tuvo el descaro de cabecear al arco desde casi 40 metros, el que desperdició tres penales en un mismo partido vistiendo la celeste y blanca y volvió con la frente en alto para llevarnos al mundial con ese toque agónico fiel a su guión bajo el diluvio ante Perú, el tipo que en sus 15 minutos en Sudáfrica hizo lo que el grandísimo Messi no pudo hacer en todo el campeonato (¿quien no se emocionó cuando gritó ese gol?), el que con sus 36 años se convirtió en el máximo anotador de 2010, ¿y cuanto se más se podría decir?...

   Todas estas hazañas y fechorías solo las consigue un hombre que deja todo en cada momento, que tiene una actitud diferente ante la vida. Por eso se robó mi admiración y se convirtió en uno de mis mayores ejemplos. No juego al futbol ni quiero jugar, pero cuando sea grande quiero ser como él. Quiero convertirme en pichón de alquimista para transmutar adversidad en oportunidad, quiero ganarme y merecerme la suerte que me toque y quiero creer desde lo mas profundo de mi corazón que cualquier cosa es posible.

   Miremos el gol en el mundial como uno de tantos ejemplos: este gol lo hizo gracias a un rebote que genero un tiro al arco del propio Messi. El Optimista estaba parado en el lugar indicado en el momento indicado (¿cuando no?) y solo tuvo que acariciar la pelota (aunque con su pata todavía menos hábil) para alcanzar la gloria. ¿Suerte? Claro que sí, muchísima suerte, pero no casualidad, ni siquiera un poquito. Una vez leí una frase en una publicidad (lamentablemente no volví a encontrarla) que me quedó grabada y creo que Martín es la viva interpretación del significado. La frase es casi tan simple como contundente: "entrenar trae suerte". Decir que el verano 2009-2010 Martín no tomó vacaciones en diciembre como cualquier futbolista, sino que siguió yendo todos los días al gimnasio de Boca a trabajar pensando en su objetivo, soñando con la remota posibilidad de que un viejo y machucado patadura de 36 años viajara a Sudáfrica, apenas alcanza para empezar a pintar su entrega. Ese trabajo y ese deseo se mostró en cada partido, en cada pelota, cuando, con su aparente torpeza y sus envidiables limitaciones, corría, luchaba y saltaba como si fuera la última acción de su vida, con el Espíritu del Guerrero que predicaba Don Juan. Así se vive una vida señoras y señores, y así se logran grandes cosas: sin miedo al fracaso, con la convicción de que el único limite de un hombre está sus propios sueños. Y así quisiera vivir yo la mía.

   Esta noche levanto mi copa y brindo por Martín Palermo, ejemplo de vida, ejemplo de persona e inspiración para varias generaciones de afortunados que tuvimos el privilegio de mirar su película sin saber el final. El próximo probablemente será su ultimo partido y sabemos que será mágico. Ya habrá tiempo para extrañarlo, para repasar sus goles en DVD y para contarle a nuestros hijos y nietos la historia de un hombre que hizo zambullir en el barro al propio D10s y que unió en un llanto de alegria a un país tan dividido como la Argentina, entre otras pequeñeses. Pero ahora vivamos el presente y disfrutemos de el último round dentro de la cancha entre el viejo Martín y un mundo cruel y plagado de hostilidades que debió tirar la toalla hace mucho tiempo.

Bienvenido Al Mundo Del Mañana

Bienvenido al blog, mi valioso y único lector! Uno de esos días actualizaré esta entrada contándote mejor de qué se trata este espacio, pero de momento alcanza con mencionar que pretendo escribir sobre las "cosas" de la vida que me llenan, que de verdad disfruto. Esas cosas (libros, música, historias, personajes, vivencias, quien sabe) que considero que vale la pena compartir.